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DIARIO
IDEAL DE GRANADA - VIERNES 4 DE DICIEMBRE DE 1998
Jazz
Tremendo Nardy
JUAN JESUS GARCIA - GRANADA
Nardy Castellini Quintet.
Santa Fe.
Lleno.
Terminó el Festival de jazz como empezó, con un lleno
absoluto y con un saxofonista.
El festival de este año será recordado por ambas cosas,
por el lleno continuado (sólo han faltado 200 entradas
para el completo) y por la profusión de instrumentistas
de saxofón con cinco conciertos en el programa. Ni
siquiera las actividades paralelas se han podido realizar
con anchura, los trasnoches han estado apretadísimos
y las proyecciones de cine han tenido que realizarse
en sesiones dobles por la imposibilidad de acomodar
a todos los interesados. Desde el punto de vista cuantitativo
la edición ha sido un éxito completo. Tremendo
festival.
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Leonardo
Castillo es uno de esos soberbios músicos
que continuamente nos están llegando desde Cuba evidenciando
el altísimo nivel con que se juega en la escena isleña.
Para esta actuación conformó un grupo de paisanos
merecedor de nombre propio. Amado y Miguel viven entre
nosotros, Moisés Porro llegó desde Madrid, y se trajo
como invitado al estupendo pianista Ignacio Herrera.
No eran los anunciados, pero tremenda banda.
Habituales
secundarios en numerosas faenas alimenticias, Nardy
y sus compañeros son un espectáculo cuando escriben
el guión, incluso cuando lo adaptan: el
montaje y desmontaje al que sometieron el Anthropology
parkeriano, cubanizándolo, fue digno de tomar apuntes.
Castellini es un saxofonista
ardiente y torrencial, un volcán apasionado y apasionante
ante el cual no puede uno quedarse impasible,
lo suyo no es ejecución, es ametrallamiento al anochecer.
A su izquierda Nachito merecería ser denunciado a
la sociedad protectora de instrumentos por el tercer
grado al que sometió al piano, extrayéndole toda la
verdad y algunas declaraciones imposibles, más de
uno se acordó de un Michel Camilo en versión habanera.
Por su parte, los tres encargados de la rítmica urdieron
un sustento poderoso e inagotable en posibilidades
que empujaba a los solistas irremediablemente hacia
arriba. El término Cubop o Latín jazz debería antecederse
de calificativos hiperbólicos para acercarse a lo
que se pudo escuchar en el cierre del Festival. Justo
todo lo contrario de lo que nos ofreció Rubenito y
su grupo, frente al clasicismo octogenario a paso
lento y sabio, estos otros
cubanos dan impetuosidad tórrida de una juventud (también
sonora) sin límites ni techo. Tremendo sonido.
Salvo
el mencionado tema de Charlie Parker y una pieza de
John Coltrane (Giant Steps) todo
el programa era propio, de saxo y pianista,
temas enjundiosos e interestilísticos, de fuerte componente
ambiental y acentuada sinuosidad, que en algunas ocasiones
(Raro) tenían hasta posibilidades psicodélicas. Una
sesión de Caribe concentrada, con baladas de gran
poder emotivo y evocador, casi cinematográfico y brutales
regresos a la parte más física y rompecuerpos, de
estas Conga pa ti acabó con las ganas de pedir más.
No fue suficiente, fue exce-sivo. Tremenda
descarga compay
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